Reconozco que no conocía ni el término, ni el concepto, ni nada de esto. Y también reconozco que alguna vez le he preguntado por su salud, le he dicho que parece más joven o me he sorprendido de ver hacer cosas que no imaginaba que pudiera hacer a alguna persona mayor. Pero resulta que estaba practicando el edadismo, una forma de discriminación como cualquier otra (sexual, racismo...) pero incluso más arraigada e interiorizada que otras, y que además, afecta sobre todo a las mujeres.Lo he leído en Diagonal, y sin duda que el breve pero excelente reportaje sobre este tema me ha permitido reflexionar sobre una cuestión que ni se me había pasado por la cabeza. El uso del lenguaje (palabras despectivas como "vieja"), el cuerpo poco "marketiniano" (veremos dentro de unos años) y la lucha perenne contranatura de muchas personas por no alcanzar este "estatus" no ayudan en nada a visibilizar y dignificar a los que simplemente han vivido más que nosotros y nosotras, ni a alejarnos de posturas condescendientes, lacrimosas o vejatorias que utilizamos hacia ellas.